La revolución del plástico: el material que nos salvó y nos amenaza

El plástico transformó la medicina, la alimentación y la vida moderna. También está en el fondo del océano, en el aire que respiramos y en nuestra sangre.

En menos de un siglo, el plástico pasó de ser un material milagroso a convertirse en uno de los mayores problemas ambientales del planeta. La historia de este material es, en miniatura, la historia de la modernidad.

El plástico es barato, liviano, resistente, moldeable y duradero. Gracias a él fue posible fabricar jeringas desechables que salvaron millones de vidas, envases que redujeron el desperdicio de alimentos, componentes que hacen los aviones más eficientes y dispositivos médicos de precisión.

El problema es exactamente esa durabilidad. Un plástico que tarda siglos en degradarse no desaparece: se fragmenta. Los microplásticos, partículas menores a 5 milímetros, han llegado a todos los rincones del planeta. Se han encontrado en las profundidades de la fosa de las Marianas, en la cima del Everest, en el Ártico, en la placenta humana y en la sangre.

Producimos 400 millones de toneladas de plástico cada año. Menos del 10% se recicla efectivamente. El resto termina en rellenos sanitarios, quemado o en el medioambiente.

Los gobiernos están respondiendo, aunque lentamente. Más de 140 países han aprobado restricciones al plástico de un solo uso. En 2024, las negociaciones para un tratado global sobre plásticos llegaron a un punto crítico.

El plástico no va a desaparecer. Tampoco debería: sus usos médicos y técnicos son insustituibles en muchos casos. Pero el plástico de usar y tirar, el de un solo minuto de vida útil, ya no tiene justificación.

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